Crónicas Galeanas
LUIS FELIPE RAGUÁCRÓNICAS GALEANAS
9 A
1. Garavito 
El hombre lo saluda con seguridad (ya lo había hecho antes). El niño mendiga y el hombre le promete un paraíso de satisfacción. El tendero los ve irse cogidos de la mano mientras sus sombras se van alargando a la luz del atardecer.
Mientras el hombre se lleva al niño al pastizal, recuerda las lágrimas de las decenas de infantes que maltrató. Los gritos del niño activan sus hormonas y sus ojos, llevados por la locura, presencian la manera en que la sangre se desliza por los párpados del niño.
Cuando el sol regresa, la madre busca al niño pero sólo encuentra sus migajas. Meses después una noticia estremece al mundo. Garavito, asesino de más de 100 niños, ha confesado. La madre se da cuenta y sólo llora

El hombre lo saluda con seguridad (ya lo había hecho antes). El niño mendiga y el hombre le promete un paraíso de satisfacción. El tendero los ve irse cogidos de la mano mientras sus sombras se van alargando a la luz del atardecer.
Mientras el hombre se lleva al niño al pastizal, recuerda las lágrimas de las decenas de infantes que maltrató. Los gritos del niño activan sus hormonas y sus ojos, llevados por la locura, presencian la manera en que la sangre se desliza por los párpados del niño.
Cuando el sol regresa, la madre busca al niño pero sólo encuentra sus migajas. Meses después una noticia estremece al mundo. Garavito, asesino de más de 100 niños, ha confesado. La madre se da cuenta y sólo llora
Una ráfaga les arranca las esperanzas. El agua las ahoga y los rayos las terminan de aniquilar. Los cinco caen en las garras de aquella mujer llamada Katrina.
Las luces rojas y azules se pierden entre los escombros de lo que alguna vez pudo ser un paraíso celestial. El agua, alimentada por las lágrimas, impide que las luces sigan su camino y los cinco no tienen más remedio que quedarse quietos. Completamente quietos.
3. Sangre fría 
31 de agosto de 2005. Irak.
Jahrez es la primera en escuchar el alarido. El gran cardumen humano se le viene encima. El aire se desvanece y los latidos empiezan a presagiar lo que será un desastre. Tan rápido como una centella, el rumor corre. En un coro de terror, las voces empiezan a decir las mismas palabras y, entre gritos y llantos, el río Tigris empieza a recibir más y más carne y el puente se llena de huesos inservibles. Todo es culpa de un alarido, por un alarido, toda esa sangre se enfrió… “¡Hay una bomba en el puente!”

31 de agosto de 2005. Irak.
Jahrez es la primera en escuchar el alarido. El gran cardumen humano se le viene encima. El aire se desvanece y los latidos empiezan a presagiar lo que será un desastre. Tan rápido como una centella, el rumor corre. En un coro de terror, las voces empiezan a decir las mismas palabras y, entre gritos y llantos, el río Tigris empieza a recibir más y más carne y el puente se llena de huesos inservibles. Todo es culpa de un alarido, por un alarido, toda esa sangre se enfrió… “¡Hay una bomba en el puente!”
Ahaba nunca ha cometido un crimen en su vida y no sabe qué hace allí, desprovisto de toda dignidad, como la carne de una hamburguesa envuelto entre dos personas que no conoce y que tampoco sabe qué hacen allí. El demonio, convertido en una joven mujer rubia, lo azota y le obliga a hacer algo que no quiere. Ahaba no sabe que hace allí, el demonio no sabe qué hace allí, el mundo no sabe qué hace allí, y entre lágrimas y gritos, el dolor se incrusta en su alma y Ahaba sufre. Sufre por nacer en un país y sufre por los intereses de otro país. La hamburguesa humana se deshace en sí misma y la implosión de sus corazones hace que no puedan continuar más. Es hora de tirar la toalla.
5. Abu Grahib II: Llamando a la parca

“Te haremos desear que estés muerto” La crueldad y el fuego en sus ojos podía atemorizar a la más valiente de las bestias. Aquel estadounidense sujeta un látigo en la mano. Mientras el látigo parte el viento en dos, éste presencia aquella tortura. Aquel estadounidense azota con fuerza al prisionero. El prisionero se siente débil. Un guardia se le acerca y le pone la pistola en la cabeza. “Ojalá pudiera matarte ahora mismo” Los músculos trataron de reponerse del golpe, pero en medio de su labor, dejaron de intentar hacer lo imposible. La cabeza del prisionero rodó por el piso mientras una cámara lo grababa todo. La cámara de la guerra, la cámara de la parca.
6. Tres Mangos

La siguiente crónica habla sobre un suceso que hubo en un pequeño pueblo de Colombia donde un hombre mató a un niño que le robó tres mangos
Tras apostarles a sus amigos que lo haría, el niño agarra tres mangos del árbol en el patio de don Chicó. Don Chicó lo ve todo y sale a perseguir al niño con una navaja escondida en el bolsillo. Los amigos del niño corren hacia sus casas mientras don Chicó persigue al niño hasta una esquina donde lo acuchilla. Ensangrentado y en medio de la plaza, la alegría, el juego y la diversión se arrodillan ante el poder y la locura. Los habitantes de Santander de Quilichao no lo pueden creer, atrapan y encarcelan a don Chicó. Los amigos del niño no tienen nada más que hacer que pagarle a su amigo la deuda de la apuesta. Las monedas caen en la tumba.
7. Muerte del Viajero
Llaman al doctor. Le toma el pulso y le da unas pastillas, pero el paciente no responde. Miles de almas entregadas a Dios, como una gran masa y con la cabeza en alto, esperan impacientes el veredicto. Un cardenal, agobiado por el inmenso dolor pero feliz de que el paciente se vaya a una mejor vida, jala la cuerda. Las campanas suenan. Un alma vuela y mil lloran. Juan Pablo II, viajero de nacimiento, ha realizado su último viaje.
